Retos de la profesión

Retos de la profesión

Siempre he considerado que la interpretación es como un deporte extremo  intelectual, por los altos niveles de adrenalina que nos hace desarrollar.
Esto es válido en estos tiempos más que nunca  porque al ser el intérprete, como todo ser humano, “él y sus circunstancias”, el ejercicio de la profesión de intérprete no escapa a la realidad actual que es sumamente cambiante y volátil, ni a las difíciles circunstancias político-económicas en las que vivimos, las cuales han dado lugar a  la necesidad de un énfasis notorio en que intérprete profesional es aquél que “no manifiesta en lo externo postura política personal alguna en el ámbito de su trabajo”  y a una contracción del mercado público y privado.
Ello ha hecho que el intérprete tenga que desarrollar una mayor capacidad de adaptación, creatividad, dinamismo y negociación para seguir prestando un servicio de excelencia e incursionar en nuevos mercados. El intérprete ha de saber también de informática, administración (elaboración de presupuestos, contratos, facturas), impuestos (IVA, ISLR), ergonomía….  De no ser así, se corre el riesgo de enfrentarse a una precariedad extrema.  Hay que documentarse y prepararse de una manera cada vez más veloz, la inmediatez es lo que impera.   Para ello se apoya cada vez más en las nuevas tecnologías de información (Internet es clave para documentarse, ahora basta con tener el nombre de la firma que organiza el evento y el tema general para poder hacer una búsqueda en la web).
Asimismo, ante la crisis y por el hecho de que no se interpreta todos los días, el intérprete de conferencia ha de ser versátil y  desempeñarse también en áreas conexas como la traducción, la traducción de textos legales (Intérprete público en Venezuela), la docencia, el subtitulaje de películas, la traducción de conferencias, entre otras, o no directamente  conexas, como el arte o el entrenamiento físico personalizado.
La crisis ha tenido su impacto también en la duración de los eventos: antes un evento  promedio duraba mínimo 5 días, ahora un evento largo dura 3 días.
Las modalidades de contratación  han cambiado. Ahora, son repentinas, no programadas con la debida antelación, las agendas de trabajo se van definiendo sobre la marcha.  Antes (en los 80 y los 90), los clientes entregaban al intérprete la programación de todo el año que, salvo rarísimas excepciones, se cumplía.
Además, ahora, con la web, es más fácil el acceso al mundo y, por ende, solicitar y  recibir cotizaciones de intérpretes de otros lugares.  Desplazarse a nivel internacional por motivos de trabajo es cada vez más frecuente.  Ello ha hecho que el concepto de fidelidad del cliente cambie, la lealtad con el intérprete contratado que realizó un excelente trabajo ya no es la misma.  Este debe desarrollar nuevas destrezas para seguir “visible” a los ojos del contratante. A este respecto, las redes sociales como Facebook y Twitter pueden aportar mucho.  
A ello se añade que, por la frecuente rotación del personal, los entes contratantes tienen cada vez  menos memoria y si las contrataciones se espacian mucho y, además, son hechas por personal nuevo, se pierde el rastro del intérprete cuyo trabajo fue apreciado.  El riesgo que se corre es el de ser desplazados en la vorágine del mercado por meros bilingües o personas no calificadas, que incluso se ofrecen a tarifas inferiores a las del mercado.
Hay que inculcar constantemente en el público la percepción de que la profesión, nuestra profesión, ha de ser entendida como el servir de puente de comunicación (entiéndase “servir” también en el sentido de “servicio”, de “atender, atención”).  Todo intérprete profesional tiene que hacer hincapié permanentemente en que su trabajo NO es el de un mero bilingüe y en que su tarea es de altísima responsabilidad para consigo mismo, para con el contratante y para con el público, que en ocasiones ha pagado una suma apreciable por asistir a un curso o congreso.
Definitivamente ser intérprete es complejo, más no imposible…
Estamos, pues, ante varios retos que, si se manejan debidamente, nos permitirán optimizar la profesión:
El reto individual y profesional es cultivarse en los mejores valores y principios, atenderse física, intelectual y emocionalmente (profesión muy exigente), especializarse, actualizarse, ser cada vez más competitivos y altruistas al mismo tiempo.
El reto gremial es renovarse como gremio, compartir información  con otros colegas, conocer a otros gremios y trabajar por un mayor acercamiento local, regional e internacional en este mundo globalizado y exponerse gremial y profesionalmente para establecer contactos en todos los ámbitos y con colegas de otros gremios y los nuevos egresados o colegas no agremiados aún.
El reto es también “socializar” o integrarse con la universidad, con la academia,  para, entre otras actividades, evaluar de manera conjunta las necesidades del mercado (combinaciones de idiomas de mayor demanda en este mundo globalizado y cambiante, nuevas materias electivas por incluir en los planes de estudio dadas las tendencias del saber), explorar mecanismos innovadores de interacción y acercamiento entre universidades y gremios para que sea más fácil el acceso de los recién egresados al mercado laboral y  la formación continua de los intérpretes en ejercicio, y  estar informados de las nuevas tecnologías que se usan para interpretar y traducir.
El reto es establecer redes interinstitucionales (en este contexto, FIT, ACTI, CONALTI; AVINC) para que, uniendo sinergias, la información se transforme en posibilidad de formación y certera comunicación. 
Iinvitamos a los estudiantes de interpretación y traducción a acercarse a nosotros desde ya o una vez graduados, visitando la página web de AVINC, https://www.avinc.org, siguiéndonos a través de @Avinc1 o en este Blog o consultando con cualquiera de nuestros miembros que gustosos le brindarán una mano amiga.
Juntos podremos hacer aún más placentero nuestro desempeño en una de las profesiones más gratificantes e interesantes que existen.

Francesca LoTruglio
Miembro AVINC
Miembro AIIC

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