VELAS, ABANICOS Y OLÉ!

VELAS, ABANICOS Y OLÉ!

Con este título, cualquiera podría pensar que se trata de una encantadora velada en la Madre Patria España…pero no!
Como todo lo que está relacionado con este encantador blog que permite dar un vistazo a las inesperadas jornadas de cualquier intérprete, se trata del efecto de un APAGÓN EN MARACAIBO. Algo que nadie imagina que le puede pasar a un intérprete y para lo cual es imposible prepararse.
Era sábado, a 16 horas de haberse iniciado el cese del fluido eléctrico en todo el occidente de nuestro riquísimo país, en pleno mes de junio. También se correspondía al cese del amigo viento y al cese de la paciencia considerando los 53C de sensación térmica reportados por las emisoras de radio (las que podían) que decidieron amenizar con valses y no con gaitas para colaborar con la salud mental.

            No es ciencia ficción. Solo pasa en Maracaibo
Había sido contratada para asistir como Intérprete Público a una boda de un maracaibero de los más típicos, quien se casaba con una chica de habla inglesa “levantada” por internet (cuando había luz). Después de una misa de difunto amenizada sin microfonía y ventilada con uno que otro abanico, comparecí a las 6:30 pm en la casa de los contrayentes, bañada de sudor. Para evitar que me robaran el carro, me llevaron hasta la casa del novio, quien me había dicho que SI había luz. Sorpresa! Me abrió la puerta un individuo vestido con un pantalón corto que más parecía un short de dormir, una franelilla (creía que ya no existían) y cotizas. Pregunté por el novio y ¡surprise! Era EL. Con susto, me bajé y pasé. Había luz, pero solo 110 y agonizante. Al igual que el novio, toda la familia vestía parecido (batas, chanclas, rollos de pelo), con velas en la mano y apurados para que las cosas estuvieran a punto a pesar de la luz. Unos mesoneros hacían esfuerzos para arreglar la mesa de bocadillos que como eran puros embutidos transmitían al caluroso ambiente un intenso olor a manteca. Las pobres flores, doblaron los tallos (casi como yo).
    Entre la misa y la boda…mis crespitos recordaban la pequeña Lulú – horror
Alguien preguntó…¿y usted quién es? “La intérprete” contesté. Allí me informaron extrañados que la novia sabía bastante español, pero finalmente todos asumimos que era requisito del Prefecto. En la penumbra vaga vi dos personajes solitarios que parecían extranjeros a quienes abordé para presentarme. Eran los padres de la novia que habían venido de muy lejos. A mi saludo, evidentemente sin comprender, se miraron entre si y una joven se acercó. Eran ambos Sordo-Mudos!!!!! Oh God! Se imponía un intérprete, pero de señas y en Inglés! Piensa-piensa-piensa.! Salvación!!! La novia tenía una hermana que NO era sorda y se comunicaba con sus padres con señas. Y así – en una salida inesperada – me vi haciendo “relay”. Español a Inglés a “sign language”. Ilustrando la situación describo las luces y los abanicos: El prefecto tenía sobre los documentos la única linterna. Yo soplaba con el abanico a la novia y hacía “whispering” para ella. Sobre mi cara una vela que le permitía a la hermana de la novia leer mis labios. Sobre sus manos parlantes y rostro en modulación, más velas para que sus padres pudieran entender los compromisos mutuos de los contrayentes. Tanto el prefecto como la hermana de la novia tenían sus respectivos “ayudas de cámara” batiendo los abanicos. Mientras tanto, el fotógrafo luchaba por sacar alguna foto con su flash. Pero las gotas del sudor de cada uno estaban estorbando y su asistente repasaba a todos con “tissue paper” menos a mí!!!! Finalmente les supliqué que me sacaran de la foto. El sudor me caía en los ojos. Me sentía pastelito en vitrina de calefacción. Pobre novia!!! Mi cara estaba en todos lados y definitivamente, creo que el texto leído fue el que menos atención recibió. Velas para las caras, abanicos para sobrevivir, olé…el mantequero, y Champage para olvidar la pesadilla y hoy reír de lo que solo le pasa a un INTÉRPRETE MARACUCHO. Ese día NO regresó la luz.

María Elena Pérez Pardi

Intérprete Público 29.552

                                                    

3 Comments

  1. Anónimo dice:

    El profesionalismo y la responsabilidad de un intérprete en su asignación están contenidos en este elocuente relato de mi colega. No importa lo que pase, "the show must go on". Misión cumplida!!!

  2. Anónimo dice:

    Un poco en la línea del comentario anterior, tanto esta entrada como la anterior subrayan la disposición que debe tener el intérprete hacia su trabajo: estar totalmente abierto en el caso de las situaciones que no están bajo nuestro control y enfrentarlas con aplomo y buen humor.

  3. Marina Gómez dice:

    María Elena… ¡qué realismo mágico!
    Paradójicamente, disfruté tu relato. Has pintado tan bien las situaciones que tenemos que manejar.. y con un magnífico ejemplo de resiliencia…
    ¡Pues anda… ¡que no sólo los metales..!

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